Necesitamos información rigurosa y actualizada: respuesta a los artículos de El Periódico de Catalunya

El pasado fin de semana El Periódico publicaba dos artículos que abordaban desde diferentes ángulos el aumento de popularidad de las dietas vegetarianas y veganas en España. El primero se llama Las chicas abanderan la cruzada  ‘veggie’ y el segundo: Los expertos aconsejan la supervisión de nutricionistas para hacer dietas ‘veggies’. 

Voy a hablar del segundo principalmente, ya que es el que se centra en los aspectos nutricionales de las dietas vegetarianas y veganas (a las que la periodista insiste en llamar veggie, el diminutivo inglés por el que se conoce a las personas y comidas vegetarianas- que no veganas).

El artículo entero es un ejemplo desgraciado de des-información periodística. Ignoro si la responsabilidad de este desastre recae en la periodista que ha redactado esto a partir, aparentemente, de las declaraciones de algunos profesionales de la nutrición, si recae en dichos profesionales o si es una mezcla de todo. En cualquier caso el resultado final, salvo 1-2 párrafos, es penoso, puesto que perpetúa los mitos sobre la alimentación vegetariana y vegana, no informa de forma clara y directa de las necesidades de vegetarianos ni veganos, no describe cómo son estas dietas ni qué alimentos incluyen, y solo genera alarma y contribuye a la estigmatización que los vegetarianos y veganos sufren en su contacto con los sistemas sanitario y educativo.

En azul he transcrito directamente los párrafos del artículo y debajo he expresado mi punto de vista. Los enlaces llevan a los estudios que apoyan cada una de mis afirmaciones.

 

“La educación nutricional debería extenderse por las redes, donde actrices, cantantes e ‘influencers’ explican sus experiencias con el veganismo, muchas veces con consejos erróneos”, alerta Marga Serra, doctora en ciencias de la salud, bióloga y nutricionista, colaborada de la UOC.

Cierto. En las redes pueden encontrarse consejos erróneos, pero también muy buenas fuentes de información y recursos; podrían haber aprovechado para nombrar alguna. No solo actrices y cantantes hablan de veganismo, también médicos y nutricionistas lo hacemos. Y también se puede hacer educación nutricional en los medios de comunicación tradicionales como este periódico, pero desgraciadamente no lo han considerado oportuno esta vez. Debe resultar más popular el mensaje alarmista.

 

La adolescencia es época de crecimiento y precisa una dieta equilibrada.

Cierto. Lástima que esta situación (la de la dieta equilibrada en la infancia y la adolescencia) sea tan infrecuente en España. Según el estudio Aladino del año 2015 (página 46), menos de uno de cada tres niños (29%) comen fruta todos los días y menos del 10% (9%) declaran comer siquiera “algo” de verdura a diario; un 15% la toman menos de una vez a la semana o nunca. El 71% de los niños y niñas españoles no toma pan integral “nunca”. El informe no incluye la frecuencia de consumo de legumbres y de frutos secos; directamente no se pregunta a las familias por estos alimentos, se debe dar por sentado que ni los prueban.

Esto es terriblemente preocupante porque sabemos que los hábitos alimentarios durante la infancia y la adolescencia tienen un impacto significativo en la salud durante la edad adulta. Por ejemplo, la ingesta de frutas y verduras en la infancia parece proteger frente al desarrollo del síndrome metabólico en la edad adulta, y el consumo de frutas y de alimentos con soja durante la adolescencia se ha asociado con un menor riesgo de cáncer de mama. El efecto protector de la soja sobre las mamas parece todavía mayor si se inicia en la infancia.

Según el mismo estudio Aladino (página 17), el 22% de los niños y niñas de 6-9 años tienen sobrepeso y el 18%, obesidad. De los que tienen obesidad, el 12% ya tienen diagnóstico de hipertensión arterial y el 15% tienen el colesterol elevado.

Si esta es la dieta de los niños y niñas españoles a los 9 años, no creo que por arte de magia mejore en la adolescencia. Parece que son necesarios muchos esfuerzos divulgativos para mejorar la dieta de los niños y adolescentes españoles no vegetarianos.

 

Los jóvenes ovolactovegetarianos tienen menos peligro porque se alimentan de huevos, leche y sus derivados.

Espero que no. Espero que se alimenten de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y semillas, mayoritariamente. Y que tomen huevos y lácteos en muy pequeña cantidad, no más del 10-15% del volumen de su alimentación.

No sé qué clase de propiedades mágicas atribuye la doctora Serra a los huevos y a los lácteos y qué clase de “peligros” le parece que conlleva suprimirlos de la dieta. Le recuerdo que la Universidad de Harvard recomienda no tomar más de 1-2 vasos de leche al día. “Beba leche con moderación y obtenga el calcio de otras fuentes”, dicen literalmente. En cuanto a los huevos, ni siquiera aparecen en las guías alimentarias (Plato para Comer Saludable).

El verdadero peligro es seguir dietas pobres en verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos y legumbres, que son los alimentos con mayores efectos positivos probados sobre la salud humana.

 

Los veganos, en cambio, necesitan un buen asesoramiento ya que en las consultas observamos carencias de nutrientes, como la vitamina B12, hierro, calcio, ácidos grasos poliinsaturados, omega 3 y 6″. La visita a dietistas nutricionistas es obligada.

Un párrafo confuso y lleno de des-información. Por partes:

Vitamina B12: las personas que siguen dietas vegetarianas y veganas deben tomar un suplemento semanal de vitamina B12. Con esto se evitan completamente las “carencias”. Qué pena que no lo haya mencionado. Los huevos y los lácteos no proporcionan una cantidad suficiente de B12 en el largo plazo, por lo que las personas ovolactovegetarianas deben tomar un suplemento de B12 igualmente, a menos que como dice la doctora Serra, literalmente “se alimenten” de huevos y lácteos, lo que es un error importante que cometen algunos vegetarianos, muchas veces influidos por estos profesionales que creen y transmiten que estos alimentos son imprescindibles.

Hierro: los huevos y los lácteos son dos de los alimentos más pobres en hierro. La leche no tiene casi nada; un huevo mediano aporta 0,8 mg de hierro frente a los 2,2 mg que tiene una ración equivalente de garbanzos cocidos (medio plato). Me resulta fascinante oir que una persona vegana esté en mayor riesgo de presentar déficit de hierro que una ovolactovegetariana, cuando la dieta vegana es bastante más rica en hierro. Tanto si eres vegano como ovolactovegetariano el consejo es el mismo: come legumbres a diario, acompañadas de verduras y hortalizas. Y si eres ovolactovegetariano: come más legumbres y menos huevos. Obtendrás más hierro, calcio, magnesio, fósforo, potasio y zinc, más vitaminas B1, B3, B6 y folato. Lo único que te perderás son los 185 mg de colesterol por cada huevo y una cantidad importante de grasa saturada. Los huevos además carecen de fibra, frente a los 6 gramos que aporta una ración equivalente de legumbres.

Calcio: remito, de nuevo, a la Universidad de Harvard: “El calcio es importante. Pero la leche no es la única fuente de calcio, ni siquiera la mejor”. Mmmm. Añaden: “Buenas fuentes de calcio son las verduras de hoja verde, como la col verde rizada, las legumbres y la leche de soja fortificada”.

Ácidos grasos poli-insaturados omega 3 y 6:  Desconozco cómo se “observan” estas “carencias” en la consulta. Estas sustancias no se miden habitualmente en los análisis de sangre, solo en laboratorios especializados y/o en estudios de investigación. ¿Las miden a ojo entonces? En cualquier caso, todas las grasas vegetales son ricas en ácidos grasos poli-insaturados, de hecho los alimentos vegetales se caracterizan por su alto contenido en ácidos grasos poli-insaturados, mientras que las grasas animales tienen preferentemente ácidos grasos saturados. Si alguien no lo cree, aquí tiene de nuevo la explicación de la Universidad de Harvard. Es técnicamente imposible seguir una dieta vegana en la que no haya ácidos grasos omega-6, ya que estos están en todos los alimentos ricos en grasa como frutos secos y semillas, aceites vegetales, aguacates, etc. Las nueces, semillas de lino, semillas de chía, soja, y algunas verduras de hoja son ricas en ácidos grasos omega-3.

Pero además de que no tiene lógica, esta aseveración sobre las carencias de nutrientes en personas veganas contradicen lo encontrado en los estudios de investigación. En concreto, un estudio reciente llevado a cabo en la Universidad de Zaragoza, encontró que la dieta de vegetarianos y veganos españoles estaba “bien equilibrada”, con una elevada proporción de ácidos grasos poli-insaturados frente a saturados, esos que según la doctora Serra a los veganos les faltan (los veganos de este estudio tomaban de hecho más ácidos grasos poli-insaturados: 25g /día, frente a 21,4g/día – más hierro: 26,7 mg frente a 24,9 mg/día; y la misma cantidad de calcio: 1025 mg frente a 1098 mg/día, que los ovolactovegetarianos). Ambos grupos como se puede observar, superaban los requerimientos diarios para adultos de estos nutrientes. Seguro que hay veganos que no se alimentan del todo bien y que se beneficiarían de un asesoramiento puntual, pero me cuesta creer que la doctora Serra haya tenido la mala fortuna de encontrárselos a todos ellos en su consulta.

 

Pero la moda de convertirse en vegetariano o vegano sin acudir a un profesional puede comportar “un alto riesgo de deficiencia en B12, la cual va acompañada de anemia y deterioro del sistema nervioso”.

El vegetarianismo y el veganismo no son modas. Son filosofías de vida con miles de años de historia. Es una falta de respeto llamarlos modas. ¿Es también el feminismo una moda? ¿El cristianismo? ¿El socialismo?

Muchos vegetarianos y veganos no acuden más a profesionales porque cuando lo hacen en vez de encontrar comprensión y ayuda se encuentran con reproches y hasta amenazas. Muchas veces tienen que oir cómo esos consejos erróneos que en teoría corren por “las redes” salen de la boca de su médico o nutricionista. Desgraciadamente muchas cantantes, actrices e influencers saben más de alimentación vegana que la mayoría de profesionales sanitarios.

Si en vez de alertar tanto de los “riesgos y peligros” del déficit de vitamina B12 hubieran aprovechado el párrafo anterior para informar de que los vegetarianos y veganos deben tomar una dosis semanal de vitamina B12 oral y que este suplemento es barato, seguro y eficaz y se encuentra ya en la mayoría de las tiendas de alimentación natural en comprimidos masticables y en gotas, habrían hecho un gran servicio a las personas vegetarianas y veganas.

 

La nutricionista informa que, según la Asociación Americana de Diétetica, las dietas vegetarianas apropiadas son saludables y pueden aportar beneficios para la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades, como los efectos beneficiosos al reducir el colesterol, que también sucede con la dieta mediterránea.

Sí, las dietas vegetarianas y veganas, sobre todo las veganas, no solo reducen las cifras de colesterol hasta niveles normales, sino que reducen también la inflamación, mejoran el estado antioxidante y finalmente se asocian con hasta un 30% de reducción de la mortalidad cardiovascular. Algunos revisiones recientes de este tema aquí y aquí. Este efecto no lo ha mostrado de forma tan marcada la dieta mediterránea (dieta que poca gente sabe lo que es y menos gente aún practica). No son comparables. Es una irresponsabilidad tratar de minimizar los beneficios de las dietas 100% vegetales en la salud humana. Hablamos de las vidas de millones de individuos en todo el mundo. La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en países occidentales y es posible reducir su incidencia y gravedad con cambios en el estilo de vida, principalmente la alimentación.

 

“Aunque aún no hay conclusiones sólidas,  análisis recientes apuntan a que las personas que siguen estas dietas tiene entre el 8 y 15% menos riesgo de desarrollar cáncer”, expone.

Bueno, las conclusiones son bastante “sólidas”.  En el año 2012 un meta-análisis de 7 estudios que incluía a un total de 124.706 participantes mostró que la incidencia de cáncer en la población vegetariana era un 18% menor comparada con la población no vegetariana. Un metaanálisis es el análisis conjunto de varios estudios individuales y permite obtener conclusiones más potentes estadísticamente que cada estudio por separado. Se considera que un buen metanálisis es una de las mejores fuentes de evidencia científica en medicina. Es decir, son conclusiones “sólidas”.

Para algunos tipos concretos de cáncer, como el de próstata, los estudios sugieren un efecto particularmente protector de las dietas veganas. Esto no es de extrañar si miramos los datos de otro metaanálisis que mostró que “altas ingestas de productos lácteos, leche, leche desnatada, queso, cantidad de calcio total en la dieta y cantidad de calcio dietético procedente de productos lácteos, pero no suplementos de calcio o calcio procedente de fuentes no lácteas, pueden incrementar el riesgo de cáncer de próstata.”  Esto ha llevado a la Universidad de Harvard a recomendar que limitemos “la leche y productos lácteos a una o dos porciones al día”.

De nuevo es lamentable el intento de minimizar los efectos beneficiosos demostrados de las dietas 100% vegetales. El cáncer es la segunda causa de muerte en países occidentales.

 

Siempre que estén bien adaptadas a las necesidades fisiológicas y nutricionales de cada individuo, los menús ‘veggies’ son apropiados para cualquier etapa de la vida, incluyendo el embarazo, lactancia, infancia y adolescencia, agrega la especialista.

Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no aprovechan para dar unas pautas claras y sencillas de lo que debe ser una buena alimentación vegetariana o vegana en vez de enredarse con tantas alarmas?

 

Sobre el riesgo de que estas restricciones alimenticias acaben en anorexia, responde la psiquiatra Teia Plana, coordinadora de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínic de Barcelona.

El vegetarianismo y el veganismo NO son restricciones alimentarias ni trastornos de la conducta alimentaria y este apartado no viene a cuento aquí.

A partir de este párrafo se suceden otros cuantos que relatan los problemas que padecen las personas con trastornos de la conducta alimentaria, que me parecen muy interesantes, pero que deben ser motivo de otro artículo. Ningún estudio serio ha demostrado que seguir una dieta vegetariana o vegana aumente el riesgo de padecer trastornos de la conducta alimentaria. Algunos ejemplos aquí y aquí. Ser vegano o vegetariano no implica “hacer dieta”, como dicen en este artículo, ni  “restringir” ningún nutriente, simplemente sustituir unas fuentes de nutrientes por otros. Y tampoco origina pérdida de peso en personas con peso normal. Es muy feo tratar de confundir a la gente mezclando temas que no están relacionados.

 

“Con frecuencia se radicaliza el concepto de saludable en una dicotomía de blanco o negro”. Los alimentos son o saludables o prohibidos.

Bueno, los alimentos son, o bien saludables o bien poco saludables (y por tanto, poco recomendables). Lo de que “todo vale, con moderación” ha pasado a la historia. Los estudios más recientes de la Universidad de Harvard, realizados tras un seguimiento durante décadas de cientos de miles de personas, lo muestran bien. La Universidad de Harvard ha creado tres listas de alimentos según sus efectos sobre la salud: 1) la lista de alimentos vegetales saludables, que incluye cereales integrales, frutas, verduras, legumbres, frutos secos y semillas, aceites vegetales y café y/o té; 2) la lista de los alimentos vegetales  no saludables, formada por refrescos azucarados, zumos de frutas, cereales refinados, patatas, postres y otros productos con azúcar y 3) la lista de los alimentos animales (carne, pescado, lácteos y huevos). Los estudios realizados por estos investigadores han comprobado que cuantos más alimentos vegetales saludables y menos alimentos de origen animal y alimentos vegetales no saludables consume una persona menor es su riesgo de desarrollar diabetes y enfermedades cardiovasculares.

 

Para Jesús Román, presidente de la Sociedad Española de Dietética y Alimentación, el peligro de las dietas ‘veggies’ es la “inconsciencia”.

Y el de las “no veggies”, ¿cuál es? Si sigues una alimentación “no veggie” de forma inconsciente, está bien? ¿Solo porque es “no veggie”? ¿Nadie se da cuenta de lo ridículo del argumento y de su falta de lógica? Que solo un 9% de los niños españoles coma algo de verdura a diario, ¿es inconsciencia o cómo lo llamamos?

 

“Hay que aceptar la libertad de cada uno y a los jóvenes no se les puede negar su opción porque lo harán lo igual, lo mejor es acompañarles”. Con buenos consejos, no tiene por qué haber riesgos.

Menos mal. Lástima que todavía no he oído en este artículo ningún buen consejo aún.

 

El especialista reprueba la “alarmista y excéntrica” moda del comer sano expandida por los gurús de internet.

¿Comer sano es una excentricidad? ¿En serio? Es cierto que no es un hábito muy extendido en nuestra sociedad, pero ¿tan mal están las cosas?

 

“Empezó siendo cosa de los chavalotes de gimnasio, y hoy nos bombardean opinando de forma dramática sobre cosas inciertas”. Es una obsesión, sostiene, que puede llevar a no comer o comer mal. “Dicen que si el zumo de naranja contiene demasiado azúcar. A ver, si te tomas dos vasos es bueno”.

Me parece que no. Si te tomas dos vasos de zumo de naranja al día, estás tomando demasiado. Lo dice claramente la Universidad de Harvard: limite el zumo de frutas a no más de un vaso pequeño por día.

 

Comer variado y mantener el equilibrio es la clave, pero la pasión por la comida disparada por los ‘masterchefs’ y demás ha llevado a que todos hablen de todo y de “manera extremista”, prosigue. “¡Que si la leche es mala! Y lo justifican diciendo que los hombres son los únicos animales adultos que la toman. Vale y qué. También somos los únicos que llevamos gafas”.

Pues sí, tomar más de dos vasos de leche o equivalentes al día tiene potenciales efectos adversos. De nuevo, no son mis recomendaciones, sino las de la Universidad de Harvard, que a estas alturas estoy empezando a pensar que deben ser un hatajo de chavalotes de gimnasio, extremistas, y masterchefs en vez de expertos en nutrición. La recomendación es clara: “limite la leche y lácteos (1-2 porciones al día)”. La explicación es que “altas ingestas de lácteos pueden incrementar el riesgo de cáncer de próstata y posiblemente, de cáncer de ovario. Además, los productos lácteos pueden aportar altas cantidades de grasa y de vitamina A en forma de retinol, que en grandes dosis puede, paradójicamente, debilitar los huesos… Consuma lácteos con moderación y obtenga el calcio de otras fuentes.”

 

El artículo se termina aquí, pero se acompaña de otro, también publicado el mismo día y llamado Las chicas abanderan la cruzada “veggie”, que es un relato de diversos testimonios con los que se puede estar más o menos de acuerdo en cuanto a su oportunidad y representatividad; pero solo voy a hacer mención a uno que me ha parecido importante porque ilustra las consecuencias de los malos mensajes sobre nutrición que se dan con tanta frecuencia en los medios de comunicación:

Marta lleva tiempo lidiando con las restricciones nutritivas de sus dos hijas, una vegetariana aspirante a vegana y otra, obsesionada por la comida sana, la llamada ortorexia. “La primera empezó a los 17 años con renuncias progresivas. Empezó por la carne, que justificaba por defensa de los animales, y siguió con la leche, los huevos, el pescado…”. Una analítica certificó déficits de hierro, vitamina B y D. “La nutricionista nos dijo que le faltaban proteínas. Ahora cuando me habla pestes de la industria cárnica, la replico: ‘¿Acaso es mejor atiborrarte de pastillas químicas por tus carencias?”.

Es triste y preocupante. No sé qué habrá pasado con la hija de Marta, pero sí que me habría gustado decirle a Marta varias cosas. La primera es que su hija no necesitaba “atiborrarse de pastillas químicas”. Solo tenía que tomar dos a la semana: una de vitamina B12 (que se obtiene de bacterias, y que es exactamente la misma que se añade a los piensos que se dan al ganado cuya carne ella se come) y otra de vitamina D3 vegetal, que se obtiene de los líquenes. La vitamina D no solo la necesita la hija de Marta por ser vegana, la mayor parte de la población española no sale al aire libre lo suficiente como para producirla en la piel y la deficiencia es muy frecuente, como mostró este estudio realizado en niños españoles.

Y la segunda es que, independientemente del respeto que creo que merecen las convicciones éticas de su hija, ha desperdiciado una oportunidad de oro para mejorar su salud y esperanza de vida, y también posiblemente la del resto de la familia. Como he ido explicando a lo largo de este artículo, las dietas 100% vegetales producen beneficios enormes en la salud de las personas. Estos beneficios se han incluso cuantificado. Investigadores de la Universidad de Oxford han mostrado que si la población mundial se volviera vegana se podrían salvar las vidas de 8 millones de personas entre hoy y el año 2050. Además, se reduciría la emisión de gases de efecto invernadero en un 70% y se ahorraría 1 trillón de dólares americanos en gastos sanitarios cada año.

Por todo ello, me parece una enorme irresponsabilidad que profesionales del campo de la nutrición no se hayan enterado todavía de estos datos y que sigan difundiendo ideas obsoletas y estigmatizando a las personas vegetarianas y veganas. Cualquiera puede planificar en poco tiempo una dieta vegana bien equilibrada, que contenga las proteínas, el hierro y las vitaminas que la hija de Marta necesitaba, y que además la hubiera ayudado a disminuir sustancialmente su riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

Si encontráramos una vacuna o un medicamento que disminuyera en un 15-30% la probabilidad de padecer las enfermedades antes enumeradas, ¿no exigiríamos a los gobiernos que la proporcionaran a toda la población? ¿no habría colas de personas esperando su turno para comprarla? ¿y cuánto dinero estaríamos dispuestos a pagar por ella?

¿Cómo es posible entonces que los profesionales sanitarios no solo no hayan salido en masa a divulgar los beneficios de una alimentación vegetal, sino que además cuando se les pregunta, ni siquiera conozcan las recomendaciones oficiales de un organismo como la Universidad de Harvard?

El doctor Kim Williams, jefe de Cardiología de la Universidad de Rush en EEUU y presidente electo del American College of Cardiology durante los años 2015 y 2016 dijo hace un tiempo: Hay dos clases de cardiólogos: los veganos y los que no se han leído los estudios.

¿A qué clase pertenecen los profesionales entrevistados para El Periódico?

 

7 comentarios:

  1. excelente! gracias gracias gracias!

  2. Qué rabia! Este tipo de artículos son los que hacían pensar a mis padres que me iba a morir cuando me hice vegana. Mi pareja y yo ya llevamos casi 3 años y estamos perfectamente. Y sólo nos llevó 2 o 3 días averiguar todo lo que necesitávamos para llevar una dieta equilibrada.

    Una cosa que he notado es que me han desaparecido las infecciones de orina, que antes de hacerme vegana eran recurrentes. ¿Sabes si puede estar relacionado de alguna forma? ¿Hay algún estudio al respecto?

    Gracias por aclararlo todo tan bien y con tantas referencias.

    Un saludo.

    • Hola Sonia,
      Las infecciones de orina recurrentes – descartando que haya alguna anomalía anatómica o reflujo crónico, que me imagino que no es tu caso – se ven favorecidas por unas defensas bajas, que en ocasiones son secundarias a una alteración de la microbiota intestinal (las bacterias que tenemos en el intestino) o vaginal.
      Una buena alimentación, rica en vitamina C, antioxidantes y zinc, puede ayudar a mantener el sistema inmunológico activo. Además las dietas vegetales ricas en fibras de diferentes tipos mejoran la calidad de las bacterias beneficiosas intestinales y esto a su vez también hace que mejoren las defensas.

      Singh RK, Chang HW, Yan D, Lee KM, Ucmak D, Wong K, Abrouk M, Farahnik B, Nakamura M, Zhu TH, Bhutani T, Liao W. Influence of diet on the gut microbiome and implications for human health. J Transl Med 2017;15:73.
      En: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5385025/

  3. Se agradece muchísimo este artículo. Hay tanta ANTIinformación en internet acerca de la alimentación vegetariana/vegana… Y lo más triste es que a menudo va firmada por un “profesional” de la salud. Fuerza

  4. Fantástico artículo, gracias

  5. Hola, Miriam. Enhorabuena por esta pedazo de entrada. ¡He disfrutado con cada coma! La verdad es que es un lujo (por desgracia) leer artículos tan precisos, informados y bien escritos sobre dietas vegetarianas/veganas por parte de profesionales médicos. Lo que me suelo encontrar en las consultas desde hace dos años, cuando me hice vegana, son ridiculizaciones de mi estilo de vida o alertas sobre cómo estoy destruyendo caprichosamente mi salud.
    Aprovecho para una breve consulta. Desde que era pequeña, sufría unas alergias horribles. Entre época de tal y época de cual, al final me tiraba los 365 días del año con conjuntivitis, mucosidad constante y otros síntomas que me impedían tener una vida normal, incluso dormir. La cebolla en el cabecero nunca faltaba. Nada más hacerme vegana, las alergias desaparecieron por completo. A algunas amigas les ha ocurrido lo mismo, pero nunca hemos preguntado al médico porque nos da pánico que nos tachen de sensacionalistas e ignorantes. ¿Conoces más casos o estudios realizados al respecto?
    Mil gracias por tu gran labor divulgativa. ¡Un saludo!

    • Hola Clara, gracias por tus palabras y por tu testimonio.
      No hay estudios a gran escala que hayan investigado la experiencia que relatas, pero sí conozco otros testimonios como el tuyo. Para enfermedades que tienen un mecanismo autoinmune, como la enfermedad de Crohn o la esclerosis múltiple, hay estudios en marcha que están mirando el efecto que pueda tener una dieta vegetal en su progresión. El mecanismo por el que la dieta pueda afectar a todos estos trastornoscon origen inmunitario – incluyendo una simple pero molesta rinitis alérgica como la tuya – puede ser la modificación de la microbiota intestinal, el conjunto de bacterias y otros microorganismos que habitan nuestro intestino y que se alimentan de lo que comemos. Cada vez se sabe más de su papel en nuestra salud y cómo el hecho de tener una población de bacterias “buenas” puede afectar a nuestro metabolismo general, nuestro sistema inmunitario e incluso nuestro humor. Las dietas vegetales, especialmente aquellas que incluyen gran variedad de alimentos vegetales diferentes, dan lugar a microbiotas más “sanas” y diversas. Es un campo relativamente reciente de investigación, pero muy activo, y en los próximos años sabremos muchas más cosas.
      Un saludo,

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