¡No, gracias, ya no quiero más!

Con frecuencia me preguntan cuál es el “error” más frecuente que cometemos los padres y madres con la alimentación de nuestros hijos y sin duda hay uno que destaca por delante del resto: obligarlos a comer.

Una de las señales más importantes que debemos aprender a reconocer en nuestros hijos e hijas, desde el momento en que nacen, es la que indica que ya no tienen hambre y por tanto no quieren seguir comiendo.

No hace falta saber hablar para comunicar esto. Los bebés son capaces de emitir múltiples señales de saciedad, es nuestra tarea aprender a identificarlas. Una vez que las hemos identificado llega el siguiente paso, que para algunos padres y madres resulta muy duro, y es respetar esta señal.

Cuando un bebé o niño/a de cualquier edad nos indica que no quiere seguir comiendo, esto es sagrado.

No importa lo que nosotros pensemos que nuestros hijos/as deben comer.

Lo que importa es lo que ellos y ellas digan, porque ellos no opinan, ellos SABEN.

Los bebés y niñas y niños pequeños saben cuánto necesitan comer. Se lo dice su cerebro, que recibe de su estómago las señales de que ya ha recibido bastante alimento. Este es un proceso fisiológico y muy importante para la salud y la supervivencia, que está presente en todas las especies animales. Cuando un animal o un humano pequeño reciben esta señal, instintivamente paran de comer.

Si no lo hicieran sería muy grave, a corto plazo podrían intoxicarse con un exceso de comida y a largo plazo acumular peso excesivo. En la naturaleza no existen los animales obesos, es muy difícil que un animal obeso sobreviva mucho tiempo en un entorno hostil.

Pero los humanos (y muchos animales domésticos) aprendemos con la edad a seguir comiendo aunque ya no tengamos hambre. Aprendemos a suprimir las señales de saciedad que nos manda nuestro cerebro. Aprendemos a ignorar nuestro instinto y la sabiduría de nuestro cuerpo.

Lo hacemos así porque para los humanos la comida no es solo sustento. Los humanos usamos la comida como medio de relacionarnos con otros (lo cual es muy positivo), y también para cubrir nuestras carencias afectivas o emocionales y mitigar nuestra ansiedad (lo cual es mucho menos positivo). Cuando estamos creciendo nos enseñan que comernos todo lo que hay en el plato nos define como “niños buenos” o “niñas buenas” y empezamos a comer de más para complacer a los adultos. O por el contrario aprendemos que no comer todo lo que nuestros padres, nuestros profesores u otros cuidadores quieren, les genera ansiedad, mal humor y regañinas, así que evitamos esa conducta.

Porque para un niño o niña pequeños sentirse aceptados por sus cuidadores y la sociedad donde viven es crucial, de ello depende su supervivencia y lo saben. Así que harán todo lo que sea necesario por “adaptarse”, aunque ello suponga ir en contra de su instinto.

Pero esto no tiene por qué ser así.

Uno de los mayores favores que podemos hacer a nuestras hijas e hijos es apoyar su sabiduría innata en relación con la comida y en vez de tratar de enseñarles a comer lo que nosotros creemos que es la cantidad correcta, aprender nosotros de ellos cuál es realmente la cantidad que necesitan. Esto tiene muchas ventajas:

  • Los ayudaremos a desarrollar hábitos sanos de alimentación.
  • Los ayudaremos a comer solo cuando tienen hambre, no cuando están preocupados, ansiosos, o quieren complacer a alguien.
  • Evitaremos que desarrollen sobrepeso u obesidad, una de las mayores amenazas para la salud que sufren las niñas y los niños de los países desarrollados hoy.
  • Les mostraremos que los respetamos como personas, que confiamos en ellos.
  • Les permitiremos que disfruten de verdad de la comida, que tengan tiempo y libertad para saborearla, para descubrir nuevos sabores.
  • Haremos de las comidas lo que siempre debían haber sido: un tiempo y un espacio para disfrutar con nuestra familia y amigos.

¿Cuáles son las señales que nos indican que nuestra hija/o no quiere comer más?

Cada persona es diferente, pero lo más frecuente es que los bebés y niños pequeños, cuando ya han tenido bastante:

  • Empiezan a comer más despacio y a jugar con la comida, se distraen con cualquier otra cosa
  • Miran para otro lado, a veces girando la cabeza, o incluso ponen una mano delante de ellos si les estamos dando de comer con cuchara
  • Cierran la boca
  • Los bebés más pequeños empiezan a mamar más despacio, retiran la boca del pezón o de la tetina del biberón, apartan la cabeza o se quedan dormidos
  • Los bebés que ya están comiendo sólidos se ponen nerviosos si notan que insistimos, pueden fruncir el ceño o incluso llorar. Nunca se debe llegar a esta situación. También es muy grave que un bebé o niño pequeño vomite tras comer porque ha tomado en exceso.

¿Y cómo nos indican que tienen hambre?

  • Los bebés pequeños suelen llevarse las manos a la boca, pueden empezar a hacer “ruidos” como si estuvieran succionando, pueden girar la cabeza hacia ambos lados (como si estuvieran “buscando”), si tienen más de 2-3 meses pueden dar muestras de excitación si ven a su madre o al biberón. Si tienen mucha hambre porque han estado emitiendo estas señales y no hemos podido atenderlos entonces llorarán, de nuevo es mejor evitar llegar a esta situación.
  • Los bebés a partir de 5-6 meses se suelen poner contentos cuando ven o huelen comida, la miran con interés y la siguen con los ojos si la tienen cerca (incluso inclinándose hacia ella o extendiendo sus manos), a veces abren la boca si ven una cuchara o algún alimento cerca.

Pero es que mi hijo/a no come nada…

Si crees que tu hijo o tu hija no está comiendo lo suficiente llévalo a vuestro pediatra y cuéntale tus preocupaciones. Pero antes incluso de eso, observa por un tiempo a tu hijo/a: ¿le ves feliz, activo, contento, sano? También debes mirar su curva de crecimiento: si la niña o el niño están ganando peso a un ritmo adecuado es materialmente imposible que no estén comiendo “lo suficiente”. No se puede comer insuficientemente mientras se lleva una vida activa como la que llevan los niños pequeños y además crecer y engordar: esto desafiaría las leyes de la física y de la lógica.

Pero incluso en el caso de que tu hija o tu hijo no estuvieran creciendo adecuadamente, la solución nunca sería forzarle a comer. Un niño o una niña que no quieren comer y además no están creciendo bien deben ser evaluados por su pediatra porque puede haber algún problema subyacente y esto debe ser investigado y si es el caso, diagnosticado y tratado.

2 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo aunque últimamente con mi hija de 4 años tengo la situación de cuando está comiendo para y dice que ya no tiene mas hambree (o incluso que le duele la tripa) para luego decir que quiere el postre. En esta situación yo le digo que si no tiene más hambre por supuesto que lo deje pero que si el hambre vuelve ahí tiene su plato de comida y si no siempre puede tomar fruta. Nunca pensé que llegaría a esto con mis propios hijos!

    • ¿Y qué postres coméis en casa? ¿Quizá el problema sea que se ha acostumbrado a comer “postres” no muy saludables? Si el postre habitual en casa fuera fruta, no importaría que comiera menos del plato principal y más fruta, ¿no?
      No podemos pedirles a nuestros hijos que coman verduras y frutas si nosotros nos tomamos un flan o similar…
      Gracias por tu aportación, Bea, y un saludo.

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