La OMS declara la carne roja “probablemente cancerígena”

Child and meat

(Publicado originalmente el 26 de octubre de 2015)

Ha costado tanto como en su día con el tabaco, pero por fin hoy la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido incluir el jamón, los embutidos, el beicon y las salchichas en la categoría de productos cancerígenos. La OMS reconoce que la evidencia científica que asocia el consumo de estos productos con el cáncer (sobre todo colon, pero también páncreas y próstata) es tan firme como en el caso del tabaco, el alcohol, el arsénico o el asbesto. La carne roja no procesada (de ternera, cerdo, cordero) se reconoce como “probablemente cancerígena para los humanos”. Esta decisión se ha tomado tras la revisión de cientos de estudios realizados a lo largo de más de treinta años.

Es hora de reconsiderar las recomendaciones sobre alimentación que la mayoría de los pediatras españoles dan a sus pacientes; en especial en el momento del inicio de la alimentación complementaria. Se sigue insistiendo machaconamente en la necesidad de introducir carne roja en la dieta de nuestros niños a partir de los seis meses, “por su contenido en proteínas y hierro”. Sí, la carne tiene proteínas y hierro. Y otro gran número de alimentos también. Las legumbres, por ejemplo,  tienen tantas proteínas como la carne y mucho más hierro. Sí, no es hierro hemo, como el de la carne. Lo cual es una ventaja, porque es el hierro hemo uno de los componentes implicados en la producción de cáncer de colon, y también está asociado a otras enfermedades como la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular. El hierro vegetal no está asociado a estos efectos adversos y se puede incrementar su absorción simplemente tomando una ración de frutas y verduras ricas en vitamina C con nuestras comidas.

Dados los riesgos oficialmente reconocidos que conlleva el consumo de carne roja creo que es una imprudencia seguir recomendando su consumo entre nuestra población infantil y especialmente entre nuestros bebés. Los niños más pequeños son los que más sufren las consecuencias de la exposición a sustancias cancerígenas y a otros tóxicos, pues  tienen más tiempo para acumularlos a medida que crecen y además tienen menos superficie corporal y menos posibilidades de eliminarlos.

No hay ningún nutriente en la carne que no pueda ser aportado por otros alimentos, de una forma más segura, más saludable y menos tóxica. Y por supuesto de una forma mucho más compasiva y solidaria.

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